

Escrito por:
Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.
“Fue como si me saliera de mi cuerpo y lo mirara desde afuera.” “En medio de lo que estaba pasando, simplemente me fui: no lo sentía.” “Hay bloques de tiempo de mi infancia de los que no recuerdo nada.”
Estas descripciones son más frecuentes de lo que se cree. Son formas de disociación, y son respuestas naturales del cerebro ante situaciones que superan su capacidad de procesamiento en el momento.
La disociación no es locura, no es invención y no es debilidad. Es la mente haciendo lo que mejor sabe hacer cuando no tiene otras herramientas: retirarse para sobrevivir. El problema aparece cuando este mecanismo se vuelve automático, se activa en situaciones donde ya no hay amenaza real, y comienza a interferir con la vida cotidiana.
La disociación es una interrupción en la integración normal de la conciencia, la memoria, la identidad, la emoción o la percepción. En condiciones normales, todos estos procesos funcionan de forma coordinada y continua. En la disociación, esa continuidad se rompe.
Hay un espectro: desde formas leves y cotidianas (absorción en un libro hasta perder la noción del tiempo, conducir en “piloto automático”) hasta formas más severas relacionadas con el trauma.
La disociación relacionada con el trauma ocurre cuando el cerebro, ante una experiencia abrumadora, no puede integrarla en su narrativa normal y “separa” esa experiencia del flujo consciente. Es una función adaptativa: permite seguir funcionando cuando lo que está pasando es demasiado para procesar en el momento.
Sensación de estar separado del propio cuerpo o de los propios procesos mentales. “Me miraba desde afuera.” “Sentía mis manos como si no fueran mías.” “Sé que están pasando cosas pero no las siento como reales.”
El mundo externo se percibe como irreal, distante, nebuloso o artificial. Las personas y los objetos pueden verse como si fueran de cartón. “Todo parecía una película.” “Las personas que me rodeaban se veían raras, como robots.”
Incapacidad de recordar información autobiográfica importante, habitualmente relacionada con eventos traumáticos. Puede ser localizada (no recuerdo las horas del accidente), selectiva (no recuerdo nada de cierta etapa de la vida) o generalizada (no recuerdo casi nada de la infancia).
Sensación de incertidumbre sobre quién es uno, de inconsistencia entre distintas “versiones” de uno mismo, o de que hay partes internas que parecen tener sus propias emociones, memorias o impulsos.
La forma más severa del espectro disociativo. Implica la presencia de dos o más estados de personalidad distintos, con amnesia entre ellos. Está asociado invariablemente a trauma severo y repetido en la infancia, habitualmente abuso sexual, físico o emocional grave. Es mucho más raro que las formas anteriores.
La disociación puede pasar desapercibida durante años porque quien la vive muchas veces asume que “así es como funciona el cerebro de todo el mundo”. Algunas señales que vale la pena explorar con un profesional:
La disociación clínicamente significativa está estrechamente relacionada con historia de trauma, especialmente trauma temprano. El modelo de la Teoría de las Partes de la Personalidad (Van der Hart, Nijenhuis y Steele) explica cómo el trauma severo y repetido puede impedir la integración de la personalidad en el desarrollo, dando lugar a estructuras disociativas más o menos complejas.
Esto tiene implicaciones directas para el tratamiento: antes de procesar el trauma con EMDR u otra técnica, es necesario trabajar la estabilización y la comunicación entre las partes disociadas del self. Abordar el trauma directamente sin esta preparación puede aumentar la desestabilización.
El tratamiento de la disociación es especializado y requiere un enfoque en fases:
La disociación en sí misma no es peligrosa, pero puede serlo en ciertos contextos (manejar, cruzar una calle) si es muy frecuente o intensa. Su mayor daño es la interferencia con la vida cotidiana y con la capacidad de estar presente en las relaciones y en uno mismo.
Sí. Algunos traumas son difusos o difíciles de reconocer como tales: negligencia emocional, invalidación crónica, crecer con un padre deprimido o ansioso, bullying severo. No todos los traumas dejan una “huella visible” obvia.
Sí, pero con modificaciones específicas. Los protocolos EMDR para trastornos disociativos (como el desarrollado por Dolores Mosquera y Anabel González) están diseñados para trabajar de manera segura con personas que disocian, evitando la desestabilización. No todo terapeuta EMDR está formado en esto.

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Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.