Crianza con trauma no resuelto: lo que transmitimos sin darnos cuenta
Ps. Sohad Sarrás, psicóloga clínica

Escrito por:

Ps. Sohad Sarrás

Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.

Todos criamos desde nuestra propia historia

No hay padre ni madre que quiera hacer daño a sus hijos. Y sin embargo, muchos adultos que buscan psicoterapia llegan con heridas de la infancia que sus padres —que también habían sido heridos— transmitieron sin querer y sin saberlo.

El trauma intergeneracional describe precisamente este fenómeno: la forma en que el trauma no resuelto de una generación se transmite a la siguiente, no a través de genes defectuosos ni de mala voluntad, sino a través de patrones de crianza, de la calidad del vínculo afectivo y, en casos extremos, de mecanismos epigenéticos.

Entender cómo funciona esta transmisión es el primer paso para interrumpirla.

¿Cómo se transmite el trauma de padres a hijos?

Hay tres mecanismos principales, que actúan simultáneamente:

1. El estilo de crianza

Un padre o madre con trauma no resuelto puede tener dificultades para:

  • Leer las señales emocionales de su hijo con precisión
  • Tolerar el malestar del niño sin angustiarse en exceso o desconectarse
  • Reparar los momentos de ruptura en el vínculo
  • Poner límites sin recurrir al castigo severo o al abandono emocional
  • Estar presente emocionalmente de manera consistente

Esto no convierte al padre o madre en un mal cuidador: lo convierte en un cuidador que está haciendo lo mejor que puede con recursos limitados. Pero el hijo recibe esas inconsistencias y las internaliza.

2. El apego

El tipo de apego que desarrolla un niño con sus cuidadores es uno de los factores más determinantes de su salud mental adulta. Los padres con trauma no resuelto tienden a generar en sus hijos patrones de apego inseguro: evitativo (el niño aprende que necesitar al cuidador es peligroso), ansioso (el cuidador es inconsistente) o desorganizado (el cuidador es a la vez fuente de seguridad y de miedo). El apego desorganizado, especialmente, está fuertemente asociado al desarrollo de síntomas disociativos y de dificultades relacionales en la adultez.

3. La epigenética

La investigación epigenética —que estudia cómo las experiencias modifican la expresión de los genes— ha mostrado que el trauma severo puede alterar marcadores químicos en el ADN que afectan la respuesta al estrés. Estos marcadores pueden transmitirse a los descendientes, predisponiéndolos a una mayor reactividad al estrés incluso sin haber experimentado el trauma original. Los estudios más citados son los realizados con hijos de sobrevivientes del Holocausto y con hijos de víctimas de abuso severo.

Cuatro patrones de crianza que revelan trauma no resuelto

La sobreprotección ansiosa

El padre o madre que vivió situaciones de amenaza sin control tiende a ver peligro en todas partes. Lo que para otros es un rasguño de rodilla para él o ella es una catástrofe potencial. Esta hipervigilancia, aunque bienintencionada, puede transmitir al hijo la idea de que el mundo es peligroso y que no puede manejarlo solo.

La distancia emocional

Como mecanismo de protección frente a sus propias emociones, algunos padres aprenden a desconectarse afectivamente. Pueden ser excelentes proveedores y cuidadores en lo práctico, pero emocionalmente inaccesibles. El hijo aprende que las emociones no se comparten, que la intimidad es peligrosa o incómoda.

La explosión y el arrepentimiento

La desregulación emocional del trauma puede manifestarse en ciclos de irritabilidad intensa seguidos de culpa y sobrecompensación. El niño crece sin saber cuándo el cuidador estará tranquilo o estallará, lo que genera un apego ansioso y una hipervigilancia ante las señales emocionales del adulto.

La inversión de roles

Algunos padres con trauma recurren a sus hijos para satisfacer sus necesidades emocionales (consuelo, compañía, apoyo). El niño aprende a cuidar al adulto antes que a sí mismo, lo que sienta las bases de la dependencia emocional, la dificultad para poner límites y el agotamiento crónico en la adultez.

Reconocer el patrón en uno mismo

Algunas preguntas para reflexionar como padre o madre:

  • ¿Hay reacciones mías ante mis hijos que me sorprenden por su intensidad o que no puedo controlar?
  • ¿Me cuesta tolerar sus emociones difíciles (llanto, rabia, frustración) sin angustiarme o irritarme?
  • ¿Repito con mis hijos patrones que mis padres tuvieron conmigo y que siempre juré no repetir?
  • ¿Hay etapas de la crianza de mis hijos que me generan una activación emocional desproporcionada?

Reconocer estos patrones no es una señal de ser un mal padre o una mala madre. Es una señal de que hay algo que merece atención.

Romper el ciclo: cómo la terapia ayuda

La transmisión intergeneracional del trauma no es inevitable. Los estudios muestran que los padres que han procesado y integrado sus propias experiencias traumáticas —aunque hayan sido severas— pueden tener hijos con apego seguro. Lo que protege al hijo no es que el padre no haya sufrido, sino que el padre haya podido dar sentido a su sufrimiento.

La psicoterapia —incluyendo el EMDR para los aspectos traumáticos específicos— es uno de los caminos más efectivos para hacer ese trabajo. Sanar el propio trauma para no transmitirlo es quizás el acto de amor parental más profundo que existe.

Preguntas frecuentes

¿Es posible sanar el trauma intergeneracional cuando los padres ya fallecieron o no quieren ir a terapia?

Sí. El trabajo terapéutico es personal: no requiere que los padres cambien, que reconozcan lo que hicieron o que participen del proceso. La persona trabaja sus propias memorias y creencias, independientemente de lo que sus padres hagan o no hagan.

¿Debería decirle a mis hijos que estoy yendo a terapia?

No es obligatorio, pero en muchos casos puede ser positivo: modelar que buscar ayuda cuando se necesita es señal de fortaleza y no de debilidad. Dependiendo de la edad, el mensaje puede ser tan simple como “estoy hablando con alguien que me ayuda a manejar mejor mis emociones”.

¿Mi historia de trauma me convierte automáticamente en un mal padre/madre?

No. Lo que más determina el impacto en los hijos es si el trauma ha sido reconocido y trabajado o si sigue activo sin conciencia. Muchos padres con historias de trauma severo crían hijos con apego seguro y buena salud mental. La conciencia y el trabajo personal marcan la diferencia.

Fuentes

  1. Bowlby, J. (1988). A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development. Basic Books.
  2. Yehuda, R., et al. (2016). Holocaust exposure induced intergenerational effects on FKBP5 methylation. Biological Psychiatry, 80(5), 372–380.
  3. van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score. Viking.
  4. Fonagy, P., et al. (2002). Affect Regulation, Mentalization and the Development of the Self. Other Press.
  5. Arquiapsicología (2024). La ciencia detrás del trauma transgeneracional. Recuperado de arquiapsicologia.es.