

Escrito por:
Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.
Hay una pregunta que muchas personas con adicción se hacen, y que sus familias también: “Si ya sabe lo que le hace daño, ¿por qué no para?”
La respuesta no está en la fuerza de voluntad. Está en lo que hay debajo de la sustancia.
El enfoque trauma-informado de las adicciones parte de una premisa respaldada por décadas de investigación: en la mayoría de los casos, el consumo no es el problema raíz. Es una solución imperfecta a un problema más profundo. Y ese problema, frecuentemente, es el trauma.
El Estudio ACE (Adverse Childhood Experiences, CDC 1998-2017) —el estudio más grande sobre trauma infantil y salud adulta realizado hasta la fecha— mostró que:
En Chile, la Encuesta Nacional de Drogas (SENDA, 2022) reporta que el consumo de alcohol problemático afecta al 11% de la población adulta. El porcentaje con historia de trauma no está desglosado en los reportes oficiales, pero los datos internacionales son consistentes.
El alcohol, la cocaína, los benzodiacepinas, la marihuana: cada sustancia produce efectos distintos, pero para las personas con trauma no resuelto, muchas veces cumplen funciones similares:
Desde esta perspectiva, la adicción no es una debilidad moral: es un mecanismo de regulación emocional que funcionó —mal, con costos enormes— cuando no había otro disponible.
Los enfoques tradicionales para las adicciones (grupos de apoyo, intervenciones motivacionales, rehabilitación conductual) son valiosos pero insuficientes cuando hay trauma subyacente no tratado. La persona aprende a no consumir, pero el dolor que la llevó a consumir sigue activo. La recaída es predecible.
El EMDR aporta algo que otros enfoques no ofrecen directamente: la posibilidad de procesar neurobiológicamente el trauma que sustenta la adicción.
Existen protocolos específicos de EMDR para adicciones:
El EMDR para adicciones se usa habitualmente en combinación con otros enfoques y en un orden específico:
Trabajar el trauma sin estabilización previa puede aumentar la intensidad del malestar y paradójicamente el riesgo de consumo. Por eso la secuencia importa.
Hay evidencia preliminar para alcohol, cocaína, opioides y algunas adicciones conductuales (juego, pornografía). La evidencia es más sólida para el alcohol y los opioides. El EMDR no es el único tratamiento necesario y en casos de dependencia física severa (como a opioides o alcohol), la desintoxicación médica es el primer paso, antes de cualquier psicoterapia.
No necesariamente en abstinencia total, pero sí en un nivel de consumo que permita estar presente en la sesión. Un consumo muy activo o frecuente dificulta el procesamiento. En general, se trabaja en coordinación con otros profesionales (médico, programa de rehabilitación) cuando la dependencia es severa.
No. Los grupos de apoyo ofrecen comunidad, pertenencia y estructura que el EMDR no puede reemplazar. Son complementarios: el EMDR trabaja el trauma subyacente; los grupos trabajan la identidad y el apoyo social. Muchas personas se benefician de ambos.
Depende de la historia traumática y de la complejidad de la adicción. En general, el tratamiento completo que incluye EMDR se extiende entre 1 y 2 años. Los cambios en el craving y en la estabilidad emocional pueden comenzar a notarse antes.

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Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.