

Escrito por:
Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.
Cuando hablamos de trauma, solemos imaginar un evento puntual: un accidente, un asalto, un desastre natural. Pero hay personas que crecieron en entornos donde la amenaza era constante: hogares con violencia, abuso sexual sostenido durante años, negligencia crónica, o crecer bajo cuidadores impredecibles y emocionalmente inaccesibles.
Para ellas, el trauma no es un recuerdo específico que se pueda identificar y procesar. Es la atmósfera en que se formaron. Sus efectos no son los mismos que los del trauma puntual, y su tratamiento tampoco puede serlo.
Esto tiene un nombre clínico: Trastorno de Estrés Postraumático Complejo, o C-TEPT (del inglés Complex PTSD o CPTSD). Fue incluido por primera vez en la Clasificación Internacional de Enfermedades en su versión 11 (CIE-11, OMS 2022), distinguiéndolo formalmente del TEPT “simple”.
El TEPT clásico surge habitualmente tras uno o varios eventos traumáticos delimitados en el tiempo. Sus síntomas centrales son: reviviscencias (flashbacks, pesadillas), evitación de todo lo que recuerde al trauma, y un estado permanente de alerta o hiperactivación.
El C-TEPT incluye todo eso, más un segundo bloque de síntomas que la CIE-11 llama Alteraciones en la Auto-Organización (AAO):
Estas diferencias no son menores: determinan completamente el enfoque terapéutico necesario.
La CIE-11 establece que el C-TEPT surge típicamente de traumas sostenidos, repetidos o múltiples de los que era difícil o imposible escapar. Los contextos más frecuentes son:
Un factor determinante es la imposibilidad de escapar: cuando el niño o la persona no tiene salida posible de la situación amenazante, el sistema nervioso desarrolla adaptaciones que con el tiempo se convierten en los síntomas del C-TEPT.
En Chile, el 71% de las personas ha experimentado al menos un evento potencialmente traumático a lo largo de la vida (Encuesta Nacional de Salud). Las situaciones de violencia intrafamiliar y abuso en la infancia son especialmente prevalentes pero históricamente subdiagnosticadas.
Para orientarse clínicamente, los síntomas del C-TEPT se agrupan en seis dominios:
Recuerdos intrusivos, pesadillas, flashbacks o reacciones emocionales y físicas intensas ante estímulos que recuerdan al trauma (detonadores o “triggers”).
Evitar pensamientos, sentimientos, personas, lugares o situaciones asociadas al trauma. En el C-TEPT, esta evitación suele ser más amplia y generalizada que en el TEPT simple, llegando a limitar fuertemente el funcionamiento.
Estado de alerta continuo, sobresalto fácil, dificultad para dormir, irritabilidad. El sistema nervioso nunca termina de sentirse seguro, incluso en contextos objetivamente sin peligro.
Emociones que se sienten incontrolables: rabia explosiva, tristeza desbordante, o por el contrario, entumecimiento emocional y dificultad para sentir. Los cambios de estado emocional pueden ser rápidos e impredecibles.
La creencia de ser fundamentalmente defectuoso, de merecer lo que pasó, de no valer lo mismo que los demás. Esta no es una opinión que el pensamiento racional pueda cambiar fácilmente: está grabada en la memoria implícita desde la infancia.
Desconfianza profunda hacia los demás; dificultad para sentir cercanía sin miedo; patrones relacionales que oscilan entre la dependencia y el alejamiento; dificultad para poner límites o, al contrario, para conectar.
En el TEPT clásico, la terapia puede avanzar relativamente directo hacia el reprocesamiento del recuerdo traumático (la fase 3 del protocolo EMDR estándar). En el C-TEPT, ese avance prematuro puede ser contraproducente: sin una base de estabilización sólida, el reprocesamiento puede desbordar al paciente.
Los modelos de tratamiento más respaldados para el C-TEPT, incluyendo el protocolo EMDR adaptado para trauma complejo, trabajan en tres fases amplias:
Algunas señales que pueden sugerir la presencia de trauma complejo (y que justifican una evaluación profesional):
El C-TEPT es tratable. Muchas personas con C-TEPT logran, con un tratamiento adecuado, una reducción significativa de los síntomas y una mejora sustancial en su calidad de vida. “Curar” en el sentido de que el pasado deje de existir no es posible ni es el objetivo; la meta es que deje de gobernar el presente.
Es uno de los tratamientos más largos en psicoterapia: puede extenderse entre 1 y 3 años, dependiendo de la severidad, la historia de apego y los recursos de la persona. La fase de estabilización sola puede llevar meses. La paciencia no es opcional, es parte del proceso.
Sí, con adaptaciones. Los protocolos EMDR para trauma complejo (como el “EMDR Therapy for Dissociative Disorders” o el modelo de Fases) difieren del protocolo estándar precisamente para abordar la complejidad del C-TEPT. No todo terapeuta EMDR está formado para esto: es importante buscar a alguien con formación específica en trauma complejo.

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Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.