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Ps. Sohad Sarrás, psicóloga clínica

Escrito por:

Ps. Sohad Sarrás

Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.

El corazón se acelera de golpe. Sientes que no puedes respirar. Un calor intenso te recorre el cuerpo y una certeza irracional se instala: “algo terrible está pasando”. Si has vivido algo así, probablemente experimentaste un ataque de pánico.

Los ataques de pánico afectan a entre el 2% y el 3% de la población mundial cada año, y se estima que hasta un 13% de las personas tendrá al menos uno a lo largo de su vida [1]. En Chile, las consultas por crisis de pánico han aumentado sostenidamente en los últimos años, especialmente tras la pandemia [2].

Lo más importante que quiero transmitirte desde el inicio es esto: un ataque de pánico, aunque se siente aterrador, no es peligroso. Y lo segundo: tiene tratamiento efectivo. En este artículo te explico qué son, por qué ocurren, cómo reconocerlos y qué opciones terapéuticas existen.

¿Qué es un ataque de pánico?

Un ataque de pánico es un episodio súbito de miedo o malestar intenso que alcanza su máxima intensidad en cuestión de minutos. Aparece sin aviso —a veces incluso durante el sueño— y genera una activación fisiológica tan intensa que muchas personas creen estar sufriendo un infarto o “volviéndose locas”.

La duración habitual es de 5 a 20 minutos, aunque la sensación de agotamiento y desorientación puede persistir durante horas después del episodio.

Es importante distinguir entre:

  • Un ataque de pánico aislado: un episodio puntual que puede ocurrirle a cualquier persona bajo estrés extremo.
  • Trastorno de pánico: cuando los ataques se repiten y generan un miedo persistente a tener otro episodio, lo que lleva a cambios de comportamiento y evitación de situaciones [1].

Síntomas de un ataque de pánico: cómo reconocerlo

Según el DSM-5, un ataque de pánico involucra la aparición repentina de al menos cuatro de los siguientes síntomas [1]:

Síntomas físicos

  • Palpitaciones, taquicardia o latidos fuertes del corazón
  • Sudoración intensa
  • Temblores o sacudidas
  • Sensación de ahogo o falta de aire
  • Dolor o molestia en el pecho
  • Náuseas o malestar abdominal
  • Mareo, inestabilidad o sensación de desmayo
  • Escalofríos u oleadas de calor
  • Hormigueo o adormecimiento en manos, pies o rostro

Síntomas psicológicos

  • Despersonalización: sentirte separado de ti mismo, como si te observaras desde fuera.
  • Desrealización: percibir el entorno como irreal o distorsionado.
  • Miedo a perder el control o “volverse loco”.
  • Miedo a morir: una convicción intensa de que algo fatal está ocurriendo.

En mi práctica clínica, un patrón que observo frecuentemente es que las personas llegan a urgencias convencidas de que tuvieron un evento cardíaco. Tras descartar causas médicas, reciben el diagnóstico de “crisis de ansiedad”, pero rara vez una derivación a tratamiento psicológico. Eso deja la puerta abierta a que el ciclo se repita.

¿Es lo mismo ansiedad que un ataque de pánico?

No. Aunque están relacionados, son fenómenos distintos:

  • La ansiedad es un estado sostenido de preocupación y tensión que puede durar horas, días o semanas. Generalmente está vinculada a un tema identificable (trabajo, salud, relaciones).
  • El ataque de pánico es un pico agudo que aparece de forma repentina, dura minutos y tiene una intensidad física mucho mayor. Puede ocurrir sin un desencadenante claro.

Dicho esto, la ansiedad crónica puede ser el terreno fértil donde germinan los ataques de pánico. Muchas personas con trastorno de ansiedad generalizada (TAG) desarrollan crisis de pánico como una escalada de su cuadro ansioso.

¿Por qué ocurren los ataques de pánico?

No hay una causa única. Los ataques de pánico suelen ser el resultado de una combinación de factores:

Factores biológicos

  • Genética: tener un familiar de primer grado con trastorno de pánico multiplica el riesgo entre 4 y 8 veces [3].
  • Desregulación del sistema nervioso autónomo: la respuesta de “lucha o huida” se activa de forma desproporcionada.
  • Sensibilidad al CO₂: algunas personas tienen una amígdala cerebral más reactiva a cambios en la respiración, lo que puede disparar falsos alarmas.

Factores psicológicos

  • Sensibilidad a la ansiedad: la tendencia a interpretar sensaciones corporales normales como peligrosas (“si mi corazón late rápido, algo está mal”).
  • Experiencias traumáticas: situaciones de pérdida de control, abuso o eventos amenazantes que dejaron huellas no procesadas.
  • Estrés acumulado: períodos prolongados de presión sin espacios de recuperación.

Factores desencadenantes

  • Consumo excesivo de cafeína o estimulantes
  • Privación de sueño
  • Situaciones de alta presión social o laboral
  • Transiciones vitales (mudanzas, cambios de trabajo, rupturas)
  • Consumo o abstinencia de ciertas sustancias

El ciclo del pánico: por qué los ataques se repiten

Uno de los aspectos más complejos del trastorno de pánico es que se autoalimenta. Después del primer ataque, muchas personas desarrollan lo que se conoce como “miedo al miedo”:

  1. Primer ataque: la persona experimenta un episodio aterrador y no entiende qué pasó.
  2. Hipervigilancia: comienza a monitorear constantemente sus sensaciones corporales (“¿mi corazón late rápido? ¿estoy respirando bien?”).
  3. Interpretación catastrófica: cualquier sensación normal (un latido fuerte, un mareo leve) se interpreta como el inicio de otro ataque.
  4. Ansiedad anticipatoria: el miedo a un nuevo episodio genera más ansiedad, lo que paradójicamente aumenta la probabilidad de otro ataque.
  5. Evitación: la persona empieza a evitar lugares o situaciones donde tuvo crisis o donde cree que sería difícil escapar (transporte público, reuniones, centros comerciales).

Este ciclo puede llevar al desarrollo de agorafobia —el miedo a estar en situaciones donde escapar o recibir ayuda sería difícil— que afecta hasta al 30-50% de las personas con trastorno de pánico [1].

Tratamiento de los ataques de pánico: opciones con evidencia

La buena noticia es que el trastorno de pánico es uno de los trastornos de ansiedad con mejor respuesta al tratamiento. Entre el 70% y el 90% de las personas mejora significativamente con terapia adecuada [4].

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

Es el tratamiento de primera línea con mayor evidencia para el trastorno de pánico. La TCC trabaja en dos frentes:

  • Reestructuración cognitiva: identificar y modificar las interpretaciones catastróficas de las sensaciones corporales.
  • Exposición interoceptiva: exponerte de forma gradual y controlada a las sensaciones físicas que temes (como la taquicardia o la hiperventilación), para que tu cerebro aprenda que no son peligrosas.

Un metaanálisis de 42 ensayos clínicos encontró que la TCC tiene efectos significativamente superiores al placebo y a otros tratamientos psicológicos para el trastorno de pánico, con tasas de remisión de hasta el 80% [4].

EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares)

Cuando los ataques de pánico están vinculados a experiencias traumáticas —algo que observo con frecuencia en consulta—, el EMDR es una herramienta especialmente valiosa.

El EMDR no trabaja solo con el síntoma (el ataque en sí), sino con la raíz emocional que lo alimenta: memorias traumáticas no procesadas que dejaron al sistema nervioso en un estado de alerta permanente. Mediante estimulación bilateral (movimientos oculares o tapping), permite reprocesar estos recuerdos para que dejen de activar la respuesta de pánico.

Investigaciones recientes muestran que el EMDR produce una reducción significativa en la frecuencia e intensidad de los ataques de pánico, con resultados que en algunos casos se alcanzan en menos sesiones que con terapia tradicional [5]. Golstein y Feske concluyeron que el EMDR podría ser un “potente tratamiento para el trastorno de pánico”, especialmente cuando hay un componente traumático [6].

Medicación

En casos de alta frecuencia o intensidad, la medicación puede ser un complemento necesario:

  • ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina): son el tratamiento farmacológico de primera línea. Reducen la frecuencia de los ataques y la ansiedad anticipatoria.
  • Benzodiacepinas: pueden usarse de forma puntual para crisis agudas, pero no se recomiendan como tratamiento prolongado por riesgo de dependencia.

La combinación de psicoterapia con medicación muestra mejores resultados que cualquiera de las dos por separado [4]. Pero es importante entender que la medicación controla los síntomas sin resolver la causa: cuando se suspende sin haber hecho terapia, las crisis tienden a volver.

¿Qué hacer si estás teniendo un ataque de pánico?

Si estás en medio de una crisis, estas estrategias pueden ayudarte a transitar el momento:

  1. Recuérdate que no es peligroso. Por más aterrador que se sienta, un ataque de pánico no puede hacerte daño. Va a pasar.
  2. Respiración lenta y controlada. Inhala por la nariz contando hasta 4, retén contando hasta 4, exhala por la boca contando hasta 6. Repetir esto activa el sistema nervioso parasimpático.
  3. Técnica de anclaje 5-4-3-2-1. Nombra 5 cosas que puedes ver, 4 que puedes tocar, 3 que puedes escuchar, 2 que puedes oler y 1 que puedes saborear. Esto reconecta tu atención con el presente.
  4. No luches contra el ataque. La resistencia lo intensifica. Observa lo que pasa en tu cuerpo sin juzgarlo.
  5. Busca una posición cómoda. Sentarte, apoyar la espalda y poner los pies en el suelo ayuda a estabilizarte.

Estas técnicas son útiles para el momento agudo, pero no reemplazan el tratamiento. Si los ataques se repiten, es fundamental trabajar con un profesional para abordar lo que los está generando.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Te recomiendo consultar con un psicólogo si:

  • Has tenido más de un ataque de pánico en el último mes.
  • Vives con miedo constante a que ocurra otro episodio.
  • Has empezado a evitar lugares o situaciones por miedo a una crisis.
  • Los ataques están afectando tu trabajo, relaciones o calidad de vida.
  • Sientes que cada vez sales menos de casa o que tu mundo se está “achicando”.
  • Has ido a urgencias por síntomas que resultaron ser ansiedad.

No necesitas esperar a que la situación empeore. Mientras antes se aborde, más rápida y efectiva es la recuperación.

Da el primer paso

Si los ataques de pánico están limitando tu vida, quiero que sepas que no tiene por qué ser así. En PsicólogosHoy trabajamos con terapia basada en evidencia —incluyendo TCC y EMDR—, de forma online, con horarios flexibles y desde cualquier lugar de Chile.

Agenda tu primera sesión aquí o escríbenos por WhatsApp.

Preguntas frecuentes

¿Un ataque de pánico puede matarte?

No. Aunque los síntomas son intensos y aterradores, un ataque de pánico no es peligroso para tu salud física. No causa infartos ni daño cerebral. El cuerpo activa la respuesta de “lucha o huida” sin que exista un peligro real, y los síntomas se resuelven por sí solos en minutos.

¿Cuánto dura un ataque de pánico?

Generalmente entre 5 y 20 minutos, con un pico máximo alrededor de los 10 minutos. Después puede quedar una sensación de agotamiento, confusión o sensibilidad emocional que dura más tiempo.

¿Se pueden prevenir los ataques de pánico?

Con tratamiento adecuado, sí. La terapia cognitivo-conductual y el EMDR pueden reducir drásticamente la frecuencia de los ataques. Además, mantener buenos hábitos de sueño, limitar la cafeína y practicar técnicas de respiración ayuda a reducir la vulnerabilidad.

¿Los ataques de pánico son lo mismo que la ansiedad?

No. La ansiedad es un estado sostenido de preocupación, mientras que el ataque de pánico es un episodio agudo de miedo intenso que aparece de forma súbita. Pueden coexistir, pero son fenómenos distintos. Lee más sobre la ansiedad aquí.

¿Es posible tratar los ataques de pánico sin medicación?

Sí, muchas personas superan el trastorno de pánico solo con psicoterapia. La TCC tiene tasas de remisión de hasta el 80%. La medicación es un complemento útil en casos más intensos, pero no es imprescindible en todos los casos.

Fuentes

  1. [1] American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5-TR), 5ª edición, texto revisado (2022). Sección: Trastorno de pánico.
  2. [2] Asociación Chilena de Seguridad y Pontificia Universidad Católica de Chile. Termómetro de Salud Mental en Chile ACHS-UC (2024). Disponible en: www.uc.cl
  3. [3] Hettema, J.M., Neale, M.C. & Kendler, K.S. A review and meta-analysis of the genetic epidemiology of anxiety disorders. American Journal of Psychiatry, 158(10), 1568-1578 (2001). Disponible en: PubMed
  4. [4] Carpenter, J.K. et al. Cognitive behavioral therapy for anxiety and related disorders: A meta-analysis of randomized placebo-controlled trials. Depression and Anxiety, 35(6), 502-514 (2018). Disponible en: PubMed
  5. [5] Yunitri, N. et al. The effectiveness of eye movement desensitization and reprocessing toward anxiety disorder: A meta-analysis of randomized controlled trials. Journal of Psychiatric Research, 123, 102-113 (2020). Disponible en: PubMed
  6. [6] Goldstein, A.J. & Feske, U. Eye movement desensitization and reprocessing for panic disorder: A case series. Journal of Anxiety Disorders, 8(4), 351-362 (1994). Disponible en: APA PsycNet
Ps. Sohad Sarrás, psicóloga clínica

Ps. Sohad Sarrás

Psicóloga clínica con Máster Europeo en Psicología de la Salud y Práctica Clínica. Certificada en EMDR y monitora de Mindfulness. Fundadora y directora de PsicólogosHoy, con 16 años de experiencia clínica acompañando procesos de ansiedad, trauma y crecimiento personal.