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Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.
Carolina tiene 38 años. Llegó a consulta porque sus relaciones de pareja siempre terminaban igual: ella daba todo, se anulaba, y cuando el otro se alejaba, sentía un vacío que la paralizaba. “No entiendo qué hago mal”, me dijo en la primera sesión. No hacía nada mal. Lo que pasaba tenía raíces mucho más profundas: una madre emocionalmente ausente y un padre que castigaba con el silencio. Carolina no lo llamaba trauma. Decía que su infancia había sido “normal”.
Historias como la de Carolina son más comunes de lo que parece. Según la OMS, al menos 1 de cada 4 adultos reporta haber sufrido maltrato físico durante la infancia, y 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres reportan abuso sexual infantil [1]. En Chile, la situación es particularmente preocupante: la Segunda Encuesta Nacional de Polivictimización (2023) reveló que el 39% de los niños, niñas y adolescentes ha experimentado violencia por parte de sus cuidadores principales, cifra que aumentó desde el 35% registrado en 2017 [6].
Si sientes que algo de tu historia temprana sigue pesando en tu vida actual, este artículo es para ti. Vamos a explorar qué es el trauma infantil, cómo se manifiesta en la vida adulta y qué se puede hacer para sanarlo.
El trauma infantil se refiere a experiencias que ocurren durante la niñez o adolescencia y que superan la capacidad del niño para procesarlas emocionalmente. No necesariamente implica un evento catastrófico: lo que define al trauma no es solo lo que ocurrió, sino cómo lo vivió el niño y si tuvo apoyo para procesarlo.
Existen dos grandes categorías:
El trauma complejo suele ser más difícil de identificar porque se normaliza. Muchos adultos dicen: “mi infancia fue normal”, sin reconocer que crecer en un ambiente emocionalmente inseguro también deja marcas profundas. En Chile, datos de UNICEF muestran que el 56,9% de los niños y niñas entre 5 y 12 años ha sufrido agresiones psicológicas por parte de sus cuidadores principales [7]: insultos, gritos, crítica e ironía que producen efectos prolongados como baja autoestima, ansiedad y dificultades de concentración.
El cerebro de un niño está en plena construcción. Las experiencias tempranas —especialmente las relaciones con los cuidadores— moldean literalmente la arquitectura cerebral. Cuando esas experiencias son traumáticas, el impacto es neurobiológico:
Lo importante es entender que estas no son “debilidades de carácter”. Son adaptaciones neurológicas que fueron funcionales en su momento —ayudaron al niño a sobrevivir— pero que en la vida adulta se convierten en obstáculos. Una investigación del Centro CUIDA de la Universidad Católica de Chile encontró que, por cada experiencia adversa en la niñez, los problemas de salud mental a lo largo de la vida aumentan en un 27% en hombres y un 22% en mujeres [8].
El trauma infantil no siempre se presenta como un recuerdo doloroso. Muchas veces aparece disfrazado de “problemas de personalidad” o “así soy yo”. Estas son las manifestaciones más comunes:
Si te identificas con varios de estos puntos, no es casualidad. Estas son respuestas aprendidas en un contexto donde eran necesarias para sobrevivir. La buena noticia es que se pueden desaprender.
Volvamos a Carolina. En terapia, fuimos conectando los puntos entre su historia y lo que le pasaba hoy. Su madre, aunque presente físicamente, nunca validaba lo que Carolina sentía. Si lloraba, le decían “no exageres”. Si tenía miedo, “ya eres grande para eso”. Su padre, por otro lado, expresaba su malestar con días enteros de silencio: Carolina aprendió desde chica que el amor se podía retirar sin aviso.
Esas experiencias no dejaron moretones, pero moldearon su forma de vincularse. De adulta, Carolina hacía todo para evitar el conflicto con sus parejas. Aceptaba cosas que la incomodaban. Postergaba sus necesidades. Y cuando la relación inevitablemente se quebraba, se culpaba a sí misma.
En su proceso terapéutico trabajamos para reprocesar esas memorias tempranas de invalidación y abandono emocional. No se trataba de “olvidar” a sus padres ni de juzgarlos, sino de desactivar la carga emocional que esas experiencias seguían teniendo sobre su presente. Con el tiempo, Carolina pudo empezar a reconocer sus propias necesidades sin sentir culpa, a poner límites sin sentir que el mundo se iba a derrumbar, y a elegir de manera diferente en sus relaciones.
* El nombre y algunos datos han sido modificados para proteger la confidencialidad.
Sanar el trauma infantil no significa borrar el pasado ni “superarlo” con fuerza de voluntad. Significa reprocesar esas experiencias para que dejen de controlar tus reacciones presentes. Estas son las terapias con mayor evidencia:
El EMDR es particularmente efectivo para el trauma infantil porque trabaja directamente con las memorias almacenadas de forma disfuncional en el sistema nervioso. No requiere que hables extensamente sobre lo que viviste —algo especialmente relevante cuando los recuerdos son difusos o difíciles de verbalizar.
Mediante estimulación bilateral (movimientos oculares o tapping), esta terapia ayuda al cerebro a reprocesar las memorias traumáticas, reduciendo su carga emocional y las creencias negativas asociadas (“no valgo”, “fue mi culpa”, “el mundo es peligroso”).
La OMS y múltiples guías clínicas internacionales reconocen al EMDR como tratamiento de primera línea para el trastorno de estrés postraumático [4]. Estudios específicos muestran reducciones significativas en ansiedad, hipervigilancia, flashbacks y pesadillas relacionadas con experiencias de la infancia [5].
Trabaja sobre los pensamientos y creencias que se formaron a partir del trauma (“si confío, me van a lastimar”) y sobre las conductas de evitación que mantienen el problema. Incluye técnicas de exposición gradual y reestructuración cognitiva.
Aborda el trauma desde el cuerpo, trabajando con las sensaciones físicas y los patrones de movimiento que quedaron “congelados” después de experiencias traumáticas. Es especialmente útil cuando el trauma se manifiesta somaticamente (dolor crónico, tensión, disociación).
La medicación puede ser un apoyo importante cuando los síntomas son muy intensos (insomnio severo, crisis de ansiedad frecuentes, estados depresivos). Pero no trata la causa del trauma. El tratamiento de fondo es siempre la psicoterapia.
Cada proceso es único. Un trauma de evento único puede resolverse en pocas sesiones con terapia especializada. El trauma complejo —que implica años de experiencias adversas y patrones profundamente arraigados— requiere un proceso más largo, generalmente de varios meses.
Lo que puedo decirte, después de 16 años de práctica clínica, es que el cambio es posible a cualquier edad. He visto a personas de 50, 60 y 70 años transformar patrones que arrastraban desde la infancia. No se trata de la edad, sino de la disposición a mirar lo que hasta ahora se ha evitado.
El proceso de sanación no es lineal: hay avances, mesetas y a veces retrocesos temporales. Pero con el acompañamiento adecuado, la dirección general siempre es hacia adelante.
Considera consultar con un psicólogo especializado en trauma si:
No necesitas tener un diagnóstico formal para buscar ayuda. Si sientes que tu historia te pesa, eso es motivo suficiente.
Si algo de lo que leíste resonó contigo, te invito a que lo conversemos. En PsicólogosHoy trabajamos con EMDR y otras terapias basadas en evidencia para abordar el trauma infantil, de forma online, con horarios flexibles y desde cualquier lugar de Chile.
Agenda tu primera sesión aquí o escríbenos por WhatsApp.
Sí. La amnesia infantil parcial es común, y la falta de recuerdos de ciertos períodos puede ser en sí misma una señal. El trauma no necesita ser recordado conscientemente para afectarte: puede manifestarse en patrones emocionales, conductas y reacciones corporales. Terapias especializadas en trauma trabajan incluso cuando los recuerdos no son claros.
Absolutamente. El cerebro adulto mantiene su neuroplasticidad —la capacidad de formar nuevas conexiones y reorganizarse. Con terapia adecuada, es posible reprocesar memorias traumáticas y modificar los patrones que se formaron en la infancia, independientemente de la edad.
Sí. El trauma no solo es lo que te hicieron, sino también lo que no te dieron. Crecer sin validación emocional, sin seguridad afectiva o con cuidadores emocionalmente ausentes puede dejar marcas tan profundas como el abuso activo. Se le conoce como “trauma por omisión” y es una de las formas más comunes y menos reconocidas de trauma infantil.
Depende de la complejidad. Un trauma de evento único puede resolverse en 6 a 12 sesiones. El trauma complejo (años de experiencias adversas) requiere un proceso más largo, generalmente de varios meses, con una fase inicial de estabilización antes de abordar las memorias específicas.
Sí. Tanto el EMDR como otras terapias de trauma han demostrado ser igualmente efectivas en formato online. En PsicólogosHoy, todas nuestras sesiones son por videoconferencia y atendemos desde cualquier lugar de Chile.
Psicóloga clínica con Máster Europeo en Psicología de la Salud y Práctica Clínica. Certificada en EMDR y monitora de Mindfulness. Fundadora y directora de PsicólogosHoy, con 16 años de experiencia clínica acompañando procesos de ansiedad, trauma y crecimiento personal.

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Psicóloga clínica · Máster en Psicología de la Salud · Certificada en EMDR · Monitora de Mindfulness · Fundadora de PsicólogosHoy · 16 años de experiencia clínica.